Ante una hoja de papel en blanco, es sencillo proceder; basta con arrojar una primera linea ondulada desde la cual se desprenderan el resto de sus semejantes. Algunas se moldearan en angulos rectos u obtusos, otras descenderan por los adentros del papel y regresaran a flote por un bocado de oxigeno. El resultado tiende a ser siempre el mismo; un ojo disperso, dos ojos que parecen posicionarse adecuadamente pero que en terminos reales solo se forman juntos por compromiso y sin la mas minima intencion de reciprocidad (puede evidenciarse al observar que ambos ejes visuales no se dirigen a la vez hacia el mismo objeto), o en el mas complejo de los casos se nos presenta un rostro integramente pulido. Ahora... si lo que tiene que llenarse sobre la hoja de papel no son ilustaciones sino caracteres o signos de escritura, la cosa se pone fea. Y se recurre mas al borrador que al lapiz, y las palabras no alcanzan a constituirse como tales sino que comienzan y terminan siendo nada mas que silabas. No se puede vivir asi. Mas aun si el genero (humano) al que se pertenece responde a la definicion de palabras (todas ellas). Ningun otro medio de comunicacion sera mas completo que aquel compuesto por palabras que se dicen o que se inventan, que se buscan como expresion, que se corrigen. De modo que al final no hay palabras precisas, su sentido se diluye y abandona todo contenido. Se transforman en cenizas, en insomnio, en enfermedad. Esto no va quedar asi.
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jueves, 20 de enero de 2011
jueves, 16 de diciembre de 2010
Ciento cincuenta y dos
No podria asegurar cuanto ha pasado desde que perdi la soltura que alguna vez tuve para componer escritos. Años, podria decir. Pese a que en ciertos y pequeños fragmentos del tiempo que ha corrido durante este año, he sentido que podia fluir, esparcir la tinta que ramifica sus conductos por la rugosidad del papel, martillear los caracteres del abecedario con mis yemas. Y que ocasionase tal irrumpimiento en la atmosfera que desencadene una multitud de fenomenos en progresion. Que de las palabras compuestas y reunidas al sonar de una voz, se te amplifique el dolor de cabeza que resuena como el eco de un chillido. Que con cada gota de pintura que golpea al caer sobre el agua de un vaso plastico, se descascare el capullo de una mariposa. O que con apretarte lentamente los pechos con mis manos se desmoronen los cimientos de una abandonada capilla italiana. Y como si todos estos eventos tuviesen relacion, por decir que existe la causalidad, despertariamos asustados para descubrirnos rigidos ante la confusa intriga por no saber si se encuentra amaneciendo o anocheciendo. Pues es un precioso paisaje de infierno.
martes, 15 de junio de 2010
Hogar pasajero
Voy a permanecer aca por un tiempo, hasta que me aburra. Mi actividad principal sera deshacerme de letras que se revuelven en mi cabeza. O una rutinaria expulsion de vivencias sobre los pasajes de un inestable laberinto. Mis herramientas son las imagenes, ventanas inmediatas de enlace entre azulejos y arenas movedizas. Las letras se arrastran lentamente hacia afuera, por medio de mi saliva, dejandome aprisionado en la asfixia excitante. Me gusta palparlas fuerte hasta modelar un nuevo cuerpo con figura de acertijo. A las letras se las recorta para componer ensaladas. Con ellas se rediseña la concepcion de realidad, en acto de elevada supremacia. De pronto el viento pega fuerte y sostenerse a una rama que sobresale de la tierra es la unica eleccion posible, pero correr el riesgo es mejor. Ya no se cae, ya no se esta por impactar en un lejano y pedregoso precipicio, mas bien quedamos adormecidos. Parpados despegamos. La luz del sol rebotando en direcciones azarosas. Mi cama. El dia. La materialidad de nuevo.
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